Enrique Corral Alonso 1946-2018

By  |  30 / abril / 2018

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El pasado 3 de marzo del presente año, falleció en España, Enrique Corral Alonso, conocido como Abel, que fue el nombre de guerra que asumió al incorporarse y fundar el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), uno de los cuatro grupos guerrilleros de Guatemala que, al final del conflicto armado se agruparon en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).[1]   Estos cuatro grupos guerrilleros tomaron las armas y se enfrentaron a las fuerzas represivas del Estado, a las elites nacionales y a la política intervencionista de los Estados Unidos dentro de un conflicto armado interno que Naciones Unidas reconoce que ocurrió de 1960 a 1996 (36 años), en el marco de la guerra fría que polarizó al mundo.

En este contexto, este artículo está dedicado a la memoria y al trabajo que Enrique -nacido en Matute en la Rioja España- realizó en Guatemala desde su llegada en la década de 1970.

Él arribó a Centroamérica como un sacerdote jesuita pero al ir (y fue) conociendo de primera mano y darse cuenta de las condiciones extremas de exclusión social, racial, política, económica entre otras que las comunidades mayas -que en esa época eran la mayoría de la población del país- enfrentaban en los diferentes contextos locales y que se agudizaban a nivel nacional, en donde estaban colocados en el último eslabón social por lo tanto condenados a desempeñar trabajos extremos en fincas de productos de exportación como el café o la caña de azúcar, y de servidumbre devengando salarios míseros mientras otros miles fueron convertidos en colonos recibiendo como pago a su trabajo un pedazo de tierra para vivir y sembrar maíz, frijol entre otros productos para su auto-consumo.

Ante esta opresiva realidad que le rodeaba y a la que servía como sacerdote, decidió optar, junto al sacerdote Fernando Hoyos, por la opción de acompañar los procesos revolucionarios que se gestaban en el corazón de las comunidades rurales y urbanas como única alternativa para liberarse del yugo colonialista que una pequeña pero poderosa y racista burguesía nacional mantenía a través del ejército nacional que controlaba con fuego y represión cualquier intento de sublevación de los pueblos mayas, quienes en pleno Siglo XX vivían en condiciones esclavistas y feudalistas.

En un artículo que publicó en la revista Eutopía en 2018, dedicado a su colega Ricardo Falla con la naturalidad que solo permite la experiencia vivida en primera mano, narra cómo en la comunidad que formaron en la zona 5, en una de las áreas pobres de la capital, se fueron acercando poco a poco a la realidad y cómo, en lugar de enseñar, terminaron aprendiendo de las personas, de sus luchas y resistencias, que les fueron modificando sus dogmas religiosos y además, moviendo sus esquemas de clase.[2]

Al incorporarse al EGP se convirtió en un sacerdote guerrillero y asumió el seudónimo de Abel, con el que se le conocía en las comunidades a las que se unió, acompañó y de las que no se separó hasta su muerte.[3] En los años de lucha revolucionaria llegó a ser miembro de la Dirección General del EGP.

Enrique, junto a Fernando Hoyos y Romeo Cartagena crearon el periódico campesino «De Sol a Sol” que recogió los desafíos del agro guatemalteco.[4] Y junto a lideresas, líderes y familias completas de campesinos que fueron tomando conciencia de su rol de sujeto consciente frente al momento histórico que vivían fundaron el Comité de Unidad Campesina (CUC).

Conforme la guerra guatemalteca avanzaba, Enrique fue convirtiéndose en un dirigente revolucionario, encargado de lo que denominaban «el trabajo de masas» con los cristianos, conocido como el «Frente Grande» por su extensión y proyección, y llamado así, en memoria de Rutilio Grande, asesinado en El Salvador.   La labor del “Frente Grande” incluía trabajar con el sector campesino, el frente guerrillero de la Costa Sur, el Frente Internacional, la Comisión Unitaria de Masas–que la integraban Rolando Castillo Montalvo, Adrián Zapata entre otros–para recoger las demandas de los diferentes sectores para que se llevaran a la mesa de negociación de los Acuerdos de Paz.

Precisamente en el marco del proceso de paz entre la guerrilla y el Estado guatemalteco, fue delegado de la URNG y luego de la firma de la paz en 1996, se enfocó en el proceso de acompañar a las familias de las y los combatientes para iniciar la búsqueda, exhumación, entrega y entierro digno de los restos de los caídos.

Simultáneamente fue uno de los fundadores del Centro Rolando Morán y de la Fundación Guillermo Torriello, de esta última era su Director General. Desde allí trabajó para lograr la reincorporación de las y los guerrilleros de URNG a los espacios civiles a través de la Comisión de Incorporación de los excombatientes y luego trabajó en la Comisión de Acompañamiento de los Acuerdos para impulsar el cumplimiento global de los Acuerdos de Paz.

En los últimos años de su vida se esforzó por recuperar la memoria histórica de los colectivos de combatientes, revisando los materiales publicados o inéditos durante la época del conflicto armado por el EGP, buscando armar el rompecabezas de lo que constituyó una seria de procesos formativos que recibieron o impartieron dentro y fuera del país. Logró rescatar la discusión que el EGP, desde la dirigencia como desde los diferentes cuadros, mantuvo alrededor de las complejas relaciones étnicas que atravesaban y definían a Guatemala.

El trabajo que realizó, en parte, fue motivado por la severa crítica hacia la guerrilla, especialmente hacia sus cuadros dirigenciales a quienes se les cuestionó el haber impulsado un conflicto armado en un país mayoritariamente indígena, pero donde la guerrilla falló en comprender la opresión racial como un elemento clave que había que enfrentar como parte del proceso y del programa de crear una nueva sociedad, un nuevo país, una nueva Guatemala.

Las críticas llevaron a Enrique a mostrar a través de un trabajo de arqueología archivista que si bien ese vacío existió, este no había sido un vacío absoluto sino que había que reconocer las discusiones realizadas y los documentos elaborados que aunque tenían limitaciones frente a la complejidad del racismo estructural e histórico y la condición étnica de Guatemala, sí había sido parte del proyecto revolucionario del EGP. Como parte de ese trabajo, publicó desde la Fundación Torriello varios libros que recogen discursos, artículos, análisis, reflexiones y testimonios sobre la racialidad, sobre cómo se asumió y se conectó con el levantamiento revolucionario en Guatemala. Uno de esas últimas publicaciones fue: “Textos Vivos: Los Pueblos Indígenas en los escritos del Ejército Guerrillero de los Pobres (2015).[5]

También trabajó en el proceso por reconocer a los internacionalistas comprometidos con Guatemala. Allí surgió el libro “Los mapas del alma no tienen fronteras: Internacionalistas en la lucha revolucionaria de Guatemala” (2017). Dentro de sus trabajos inconclusos quedaron la historia del EGP, un análisis de «la guerra popular revolucionaria» analizada desde dentro del EGP, de la que se conoce poco y que estaba escribiendo, usando documentos, analizando acciones y discusiones internas.

Enrique se enfrentó al cáncer durante cinco años y a la vez que luchaba contra esta enfermedad también planificaba trabajar en ampliar el registro de los combatientes caídos en lo que el EGP llamó la Guerra Popular Revolucionaria. También buscaba rehacer con más información y nueva metodología el «Libro Azul”, que es parte de la memoria de los caídos, registro que se construyó a partir de las fichas obtenidas en los campamentos de desmovilizados al finalizar el conflicto armado. Argumentaba que ese documento tenía vacíos, había provocado sin sabores por algunas inexactitudes y por eso, quería ampliar las fuentes para fortalecer esa memoria individual y colectiva.

De hecho, según su esposa y compañera de vida y lucha, Laura Hurtado Paz y Paz, la memoria era el eje central de su trabajo en sus últimos años. El argumentaba que no debía olvidarse a nadie, que no se borrara la gesta de cada uno de las y los activos en la lucha guatemalteca. Por eso, leía, se documentaba y se comunicaba permanentemente con sus compañeros para continuar en esa tarea. En ese marco, antes de su muerte, legó a miembros de la Fundación Guillermo Torriello esa tarea que sin duda continuarán como una responsabilidad histórica y colectiva.

 

[1] Los otros tres grupos guerrilleros fueron la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA), las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) y el Partido Guatemalteco de Trabajo.

[2] El título del articulo escrito por Enrique Corral es: “Investigación y compromiso social a fondo.” Revista Eutopía. Entrega especial Ricardo Falla, S.J. 2018. Universidad Rafael Landivar. Guatemala pp.93-114.

[3] El EGP fue fundado el 13 de enero de 1972.

[4] La colección completa de este periódico se encuentra en la biblioteca de CIRMA, en La Antigua Guatemala.

[5] Otras de las publicaciones en las que trabajó o apoyó Enrique son las siguientes: Saludos revolucionarios: La historia reciente de Guatemala desde la óptica de la lucha guerrillera (1999). También, Construyendo caminos: Tres documentos históricos de la guerrilla guatemalteca (2008). Además: Entre-Vistas: Un repaso al Proceso de Paz en Guatemala (2011) y Fernando Hoyos y Chepito Ixil: 1980-1982. Encuentro y comunión revolucionaria en la montañas de Guatemala, de Sergio Palencia F. (2014).