#LeyPulpin: Avances y desafíos del movimiento juvenil peruano

10547461_10152908240526605_7436640395269100952_n En las últimas semanas, se han visto una serie de movilizaciones masivas en el Perú contra la ley para un nuevo régimen laboral juvenil[1] que han tenido un enorme impacto en el debate político nacional. Aunque el gobierno peruano dice que su propósito es formalizar y capacitar a jóvenes desempleados o trabajando actualmente en trabajos informales, la ley antenta contra los derechos laborales de trabajadores jóvenes, al reducir sus días de vacaciones y eliminar beneficios y prestaciones.

Los siguientes pasos de quienes están en los calles determinarán si logran consolidar un movimiento juvenil emergente y abrir un debate más amplio sobre los límites de las políticas neoliberales en el país, o si se diluyen tras la derogatoria o modificatoria de la ley.

Con la tercera movilización el 29 de diciembre se cerró una primera etapa de una irrupción sorpresiva en el panorama político y debate público peruano. No solo llamó la atención la gran participación de las marchas juveniles en fechas de fiestas[2], y la difusión en todo el país[3], sino también su energía, creatividad e irreverencia. Esta se expresó por ejemplo en los destinos de las marchas, que incluyeron el gremio empresarial del Perú, la CONFIEP–planteando que allí reside el poder real detrás de la ley- y la toma de las principales avenidas de la ciudad, que en Lima no suelen ser paralizados por protestas.

¿Espontaneidad o momento histórico?

Al contrario de quienes afirman que estas protestas son expresiones espontaneas, en realidad son el resultado de la combinación de un trabajo organizativo duro y continuo de diversas organizaciones -invisible para los medios y el debate político peruano-, y una oportunidad política coyuntural. Entre sus fuentes están la terquedad en el trabajo de organizaciones sindicales, estudiantiles y políticos que mantienen tradiciones políticas, pero también el trabajo constante de múltiples colectivos juveniles, barriales, de derechos humanos, y culturales, como del Bloque Hip Hop que representa uno de los bloques más contestatarios del movimiento. La “Ley Pulpin”, la torpeza del gobierno en promoverla de manera autoritaria y la respuesta a la represión de la primera marcha (18 de diciembre), permitieron juntar esta diversidad, y ampliar la participación de manera espectacular a jóvenes quienes no suelen salir a protestas.

Ya anteriormente, la movilización virtual (clave en explicar estos procesos) y callejera de jóvenes organizadas fue fundamental en la derrota de Keiko Fujimori en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2011 por la campaña “No a Keiko”, como también en el veto popular a la repartija de los cargos en el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo en julio de 2013, y a la reforma de las Administradoras de los Fondos de Pensiones (AFPs) en 2014. En este sentido, la juventud ya han mostrado una capacidad real de veto callejero a algunos de los excesos de la política peruana. Las protestas actuales sin embargo, han superado en fuerza y participación a sus antecesores, marcando -como señaló la congresista Veronika Mendoza- un momento histórico para el movimiento juvenil y la política en el Perú.

Tercera marcha juvenilEllo es una buena noticia para la democracia en un país donde la oposición real y la renovación de la política tienen que venir desde las calles, ya que la política institucionalizada -salvo excepciones- está tomada por la mediocridad, los poderes fácticos y lo que Steven Levitsky llama el “consenso de Lima”. Ello implica la continuidad de la ortodoxia neoliberal que alrededor del planeta ha perdido fuerza, pero en Lima se mantiene intacto, declarando que salvo el crecimiento económico todo es ilusión.

La oposición al consenso neoliberal y extractivista en la última década ha venido principalmente de comunidades y poblaciones afectadas por las actividades extractivas en la sierra y selva del país, sin un correlato urbano similar. Si bien en Lima hay movilizaciones casi todos los días, pocas veces logran remover al país. Probablemente es el movimiento de diversidad sexual que ha tenido más capacidad de interpelar a la hegemonía neo- conservadora en la capital en los últimos tiempos.

El punto de iceberg del régimen laboral

La dimensión de su importancia histórica dependerá de las decisiones y acciones por venir después de esta primera etapa. Es probable que la ley será derogada o transformada, constituyendo una derrota para el gobierno, pero no necesariamente una victoria para el movimiento emergente. Lo cierto es que la reacción del público general a estas movilizaciones ha sido mucho más positiva y solidaria que en casi cualquier protesta en Lima en los últimos años. La campaña mediática inicial para minimizar y deslegitimar las protestas ha podido hacer poco contra ello. Asi se visibiliza que las contradicciones sociales que generan las políticas neoliberales puedan tener sus límites hasta en Lima. Una mirada, por ahora, (muy) optimista recuerda el ejemplo de Chile, donde la crítica a la privatización de la educación permitió abrir un debate de fondo sobre las políticas neoliberales y sus consecuencias tras el retorno a la democracia.

Para ello los desafíos son varios y grandes.

Evidentemente, la “Ley Pulpin” es solo el punto último del enorme iceberg del régimen laboral y del neoliberalismo extractivista en el país, abriendo la posibilidad de una politización más allá de la demanda concreta de la derogatoria de la ley. Las opciones de ampliar las agendas son varias, como se ha planteado en las discusiones internos y en torno de las movilizaciones, empezando por la demanda de un nuevo régimen laboral general que garantiza el trabajo digno y la redistribución de las riquezas en el país, pasando por la crítica a la corrupción y el poder excesivo de los poderes fácticosente en las marchas (ya presente en las marchas, cuando hacen visible a la CONFIEP y critican a los medios) y la criminalización y represión de la protesta, pudiendo llegar a la construcción de una agenda desde lxs jóvenes para el Perú.

De esta manera, se podría provocar un debate político de fondo e incidir inclusive en las condiciones del próximo proceso electoral. Sería muy importante incluir la crítica a los paquetazos anti-ambientales, anti-territoriales y anti-laborales que se han dado en el segundo semestre del año pasado, y a la vocación extractivista del gobierno actual. Salvo alguna pancarta diciendo “Ni Conga, ni Chadin. Tampoco el Ley Pulpín”[4] hasta ahora no hubo muchas referencias a ello. Ello no solamente permitiera ampliar la crítica al modelo económico actual, sino también generar lazos con otras organizaciones sociales y agendas en el país.

Innovaciones políticas

Un tercer elemento, no menos importante, tiene que ver con las formas de hacer política. Las marchas desbordaron ampliamente a las organizaciones clásicas políticas y sindicales de “estos son, aquí están, los que siempre lucharán”, y su capacidad de dirigir o canalizarlas, adquiriendo una lógica de acción propia de una confluencia amplia y coyuntural. Algunos perciben ello como una amenaza, que podría impedir su politización u “orientación adecuada”. Otrxs –a quienes me sumo- lo ven más bien como una oportunidad de renovación y consolidación de un movimiento juvenil diverso, descentralizado y territorializado en universidades, trabajos y barrios.

En este sentido, en el seno del movimiento emergente hay tensiones y discusiones necesarias sobre temas de representatividad y formas de organización. La constitución de “las zonas” como espacios territoriales para auto-organizarse como bases de las protestas es un aprendizaje y experimento importante del proceso, que asemeja de alguna manera lo que ha pasado en las luchas territoriales en el país, o en otros movimientos juveniles contemporáneos como los indignados en España y Yo Soy 132 en México. Otro ejemplo de las dinámicas internas han sido las acciones de compañerxs de los movimientos feministas y de diversidad sexual, que dentro de las protestas han ido cuestionando prácticas y discursos patriarcales.

10885540_10152908241156605_1916283266763064294_nSin duda, esta creatividad será necesaria para imaginar los siguientes pasos del movimiento, que no solo buscarán la derogación de la ley o la ampliación de la agenda de protesta, sino también intentarán de dar forma a un movimiento emergente como un sujeto político clave en la política peruana. Pues, la capacidad de veto callejera a los excesos neoliberales evidencia un poder ya existente. Un proceso de centralización o burocratización clásica de esta energía probablemente sería el primer paso hacia la desmovilización, pero a la vez, es cierto que los desafíos futuros requieren saltos en la fuerza organizativa, articuladora y política. En este sentido, es clave la articulación entre las distintas dinamicas organizativas (sindicatos, colectivos y partidos políticos, organizaciones estudiantiles y zonas), como también establecer o fortalecer los vínculos con los procesos de movilización en otras ciudades peruanas. Otra necesidad clave es establecer o fortalecer los vínculos con los procesos de movilización en otras ciudades peruanas.

Lo cierto es que en estos momentos, cuando las movilizaciones abren la historia -en palabras del sociólogo boliviano Luis Tapia-, y se puede ver en las calles este otro Perú posible, están naciendo cosas nuevas: formas de organizarse, lenguajes políticas, redes, agendas y estrategias, propios del momento actual. En ello está el movimiento que se pueda potenciar. Sin duda, hay mucho por hacer, y estamos muy lejos del Perú que queremos, pero la fuerza y energía de estas movilizaciones hacen intuir que algo se está moviendo en el “Consenso de Lima”.

Rafael Hoetmer es historiador y activista, e investigador asociado al Programa Democracia y Transformación Global (PDTG) en Lima. Colabora con el Programa de las Américas www.americas.org/es

NOTAS:

[1] Para más información sobre la Ley, ver: http://www.larepublica.pe/26-12-2014/regimen-laboral-juvenil-este-es-el-video-con-la-mejor-explicacion-sobre-la-ley-pulpin

[2] 19, 22 y 29 de diciembre con entre 10 y 25 mil manifestantes en cada marcha. Mas información en: http://www.larepublica.pe/16-12-2014/jovenes-salen-a-la-calle-en-protesta-del-nuevo-regimen-laboral, http://www.larepublica.pe/22-12-2014/regimen-laboral-juvenil-segunda-marcha-contra-la-norma-se-realiza-esta-tarde, y: http://www.larepublica.pe/28-12-2014/ley-pulpin-jovenes-salen-a-las-calles-este-lunes-29d.

[3] Al menos hubo movilizaciones en Piura, Chiclayo, Trujillo, Iquitos, Huancayo, Arequipa, Cusco y Abancay.

[4] Esta pancarta hacía referencia a un megaproyecto minero y un plan de hidroeléctrica en Cajamarca, paralizados por movilizaciones masivas en los últimos años.

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