Por William D. Hartung

En los debates en Washington sobre cómo reducir el déficit presupuestario de Estados Unidos, una agencia está tratando de conseguir un pase libre: el Pentágono. Los cabilderos de las armas han estado haciendo una campaña de miedo diseñada para impedir cortes en los gastos militares, argumentando que las reducciones en los gastos del Pentágono “devastarían” las defensas de Estados Unidos y dañarían una economía estadounidense ya débil.

Opuestos a estos gritos del complejo militar-industrial, los ajustes propuestos por la administración Obama son por demás tímidos. A pesar de que los actuales presupuestos que están rondando los más altos niveles desde la Segunda Guerra Mundial, las últimas propuestas de la administración reducirían los gastos del Pentágono solamente 1.6% en los próximos cinco años.

El presupuesto militar sería más alto que en el último año de la administración de George W. Bush.
Aunque el enfoque de Obama no amenaza las ganancias de los principales contratistas de armas, como Lockheed Martin y Northrop Gumman, sus principales opositores republicanos aumentarían la cantidad de dinero de los contribuyentes que va a parar a estas gigantescas compañías. Mitt Romney ha adoptado la posición más agresiva, prometiendo mantener los gastos del Pentágono en 4% del Producto Bruto Interno de los Estados Unidos. Según un análisis del conservador Instituto Cato, eso alcanzaría a una asombrosa suma de 8.3 trillones de dólares en la próxima década. Resultaría en el mayor auge en la fabricación de armas en E.U. desde la Segunda Guerra Mundial.

Rick Santorum ha ofrecido menos detalles sobre sus planes en gasto militar, pero ha dejado claro que aumentaría los gastos militares y recortaría el apoyo gubernamental para programas domésticos, como seguro de salud y beneficios jubilatorios para los mayores.

¿En qué gastarían los Republicanos todo este dinero?

Mitt Romney es el mejor ejemplo de lo que ocurriría bajo la dirección Republicana. El ha prometido aumentar las compras de barcos para la Marina en más del 50%, de 9 a 15 por año. Esto aumentará los gastos dramáticamente. Un nuevo porta-aviones cuesta más de 10 billones de dólares cada uno, un submarino con misiles balísticos cuesta 7 billones o más y un destructor por lo menos 2 billones por unidad. La razón principal para estos gastos –aparte de enriquecer a los contratistas de defensa- es dirigir lal mirada hacia la supuesta amenaza militar de China.

La “amenaza China” está grandemente exagerada. Los Estados Unidos gastan más de cuatro veces en sus fuerzas armadas que lo que hace Beijing, y la Marina es mucho más grande. Como el ex Secretario de Defensa Robert Gates hizo notar en un discurso en mayo del 2010, la Marina de Estados Unidos es más grande que las siguientes trece marinas del mundo combinadas. Además, el porta-aviones del que siempre se están quejando los cuervos del ala derecha en los E.U. es, en realidad, una versión renovada de una vieja nave Ucraniana que China compró a fines de la década de 1990. En contraste, los Estados Unidos tienen once porta-aviones y están construyendo uno nuevo actualmente.

Romney es también un gran partidario de la defensa misilística – y no solamente de la actual empresa de 9 a 10 billones por año que está siendo financiada por la Administración Obama, sino de un sistema “completo, de multi estratos”, que suena parecida a la defensa de base espacial estilo Ronald Reagan que fue abandonada a fines de los 80 porque era inmensamente cara y esencialmente impracticable.

El programa anti-misiles de Romney haría algo más que desperdiciar dinero. Provocaría una áspera reacción de Moscú, que teme que un sistema de E.U. eventualmente haría posible que los Estados Unidos atacara a Rusia con armas nucleares sin ser afectada en respuesta. El enfoque de Romney terminaría con cualquier perspectiva de reducción nuclear de Estados Unidos y Rusia.

El plan de Romney también facilitaría a los E.U. el combatir más guerras, como el desastre de 3 trillones de dólares en Irak. Mientras Obama disminuiría los niveles de tropas de E.U. en 100,000 en cinco años -esencialmente deshaciendo los aumentos que fueron parte del plan posterior al 11/9- Romney agregaría 100,000 tropas más.

Romney también probablemente invadiría Irán. El se ha burlado del Presidente Obama por no ser “suficientemente duro” con Irán e implicó que una Administración Romney consideraría la fuerza y la amenaza de fuerza contra Irán como serias opciones.

Romney recibiría apoyo de los defensores del gasto para el Pentágono en el Congreso, liderados por el Presidente del Comité de Servicios Armados Howard P. “Buck” McKeon, un republicano del sur de California. McKeon ha recibido más de tres cuartos de millón de dólares en contribuciones para su campaña de contratistas de armamentos en años recientes, y nunca ha conocido un sistema de armas que no le gustara. Bajo una administración Republicana, McKeon y sus aliados en el Congreso estarían libres para aumentar dramáticamente el gasto en armamentos.

Si un presidente Republicano fuera a seguir estas promesas de campaña, los aumentos masivos para el Pentágono y una resistencia tenaz a aumentar los impuestos resultaría en importantes reducciones en todos los demás ítems del presupuesto de E.U., desde educación, protección del medio ambiente e infraestructura para ayudar a los gobiernos de los estados y locales. De acuerdo a un informe del Centro sobre Prioridades Presupuestarias y Políticas con base en Washington D.C. , el plan presupuestario de Romney podría recortar los programas domésticos hasta un 50% al final de los próximos diez años.

Una amplia variedad de grupos pelearían para revisar estas prioridades presupuestarias mal guiadas. Pero estas fuerzas podrían o no ser suficientes para desviar los peores impulsos Republicanos sobre gastos del Pentágono. Una cosa queda clara – traducir la retórica Republicana sobre gastos de defensa a la realidad infligiría sufrimiento económico masivo, al tiempo que no haría nada para hacer del mundo un lugar más seguro.

William D. Hartung es el Director del Proyecto Armas y Seguridad en el Centro para Política Internacional y autor de “Profetas de Guerra: Lockheed Martin y la Creación del Complejo Militar-Industrial” . Colabora como columnista mensual para Americas Program.

Traducción: Maria Etchart