Argentina, el calor y después

phoca_thumb_m_1vhb_6749_220114El calor lo explota todo. En diciembre las vísceras se nos salen a nosotros, los argentinos. Es como una maratón orgiástica, sudorosa y eterna. Son navidades de cuarenta grados en las que se cena lechón con ensalada rusa. Es campo fértil para los excesos. Son todos picos: de consumo, de temperatura, de cortes de luz, de cortes de ruta, de inflación, de sublevaciones populares o policiales. Es el terreno del vale todo, frenético, desbocado. El pueblo a la calle y la política, fría, aislada, en el palacio.

Para colmo, ahora el palacio está raro. La presidenta está pero no está. En octubre fue operada de un hematoma en la cabeza. Tras eso, un mes de reposo. Luego, un retorno contenido con apariciones fugaces, medidas, cortas.

En el medio, hubo elecciones legislativas el 27 de octubre en las que el gobierno perdió y ganó en un mismo movimiento. Políticamente, perdió en los principales distritos del país, incluso en la estratégica provincia de Buenos Aires. Técnicamente, el oficialista Frente para la Victoria fue la fuerza que más votos cosechó a nivel nacional e incluso sumó legisladores[1].

Así las cosas, la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, volvió a escena el 18 de noviembre con un video. Abandonado el luto con el que cargó desde la muerte de Néstor Kirchner, se la veía maternal, amable, con un perrito entre las manos que le había regalado Hugo Chávez (ver video).

Pero vino y se fue. Se reservó de los flashes, de las tapas, de los medios, alegando razones de salud. No sin antes marcar la cancha, relanzar su gobierno. Anunció que se removía al súper-secretario Guillermo Moreno, ese que la mitología opositora pintó durante años como el ideólogo de todos los males, símbolo  del voluntarismo y el autoritarismo K[2] .

Cambió también al ministro de Economía. Ascendió al número dos, Axel Kicillof, a quien las corporaciones mediáticas definen, en términos peyorativos, como judío y marxista. Un hombre con varios galardones académicos, que piensa a un Estado activo en la economía y gran lector de Keynes. Hernán Lorenzino, el ahora ex ministro, tiene por tarea renegociar la deuda como embajador ante la Unión Europea.

También hubo modificaciones en el orden de lo político. Jorge Capitanich, el antes gobernador del Chaco, es ahora el nuevo jefe de gabinete. Hombre del partido, de la Argentina profunda, un histórico dirigente del peronismo.

Frentes

Son varios gestos después de las legislativas de octubre para varias tareas pendientes. Una tarea importante es la inflación, que según los cuestionados datos oficiales fue del 11 por ciento anual, sin embargo, algunas consultoras privadas hablan de otro escenario con números que rondan el 28 por ciento. Al mismo tiempo, las reservas están cayendo de modo sostenido, el peso se devalúa lenta pero constantemente y el dólar negro se dispara, especulativo, descontrolado.

Mientras tanto, estalla una rebelión policial por aumento de salarios. Primero en Córdoba, después en todo el país. Acuartelamientos y saqueos. Pánico general, vecinos armados. Denuncias cruzadas y conspiraciones a la orden del día.

En paralelo, las privatizadas compañías del área energética dicen no dar abasto – aunque nunca explican bien las razones – con el pico de calor, y el pico del consumo que se expresa en autos, televisiones finitas y aires acondicionados. Entonces, los cortes de luz son una constante, absurda, duradera. Aparecen los piquetes urbanos que exigen que la luz vuelva, en noches transpiradas, con cacerolas que resuenan y el tránsito en esta Buenos Aires de muchos millones se vuelve imposible.

Ante este tipo de situaciones adversas, el kichnerismo siempre mostró músculo ágil. La salida fue siempre la radicalización, apretar el acelerador. Así lo hizo en 2009, cuando la lista del gobierno encabezada por el propio Néstor Kirchner perdió en la provincia de Buenos Aires ante otro peronista[3] .

Pero esta vez da la sensación de que todavía no se pudo. A la presidenta no se la ve en la primera fila, lo que no significa que internamente no esté activa. El 10 de diciembre encabezó una gran fiesta popular en la emblemática Plaza de Mayo por los 30 años de la democracia mientras que los policías provinciales se rebelaban en Tucumán, Chaco, Santa Fe y otros lugares. El 19 de diciembre presidió el ascenso del nuevo jefe del ejército, César Milani, un hecho que no estuvo exento, en sí mismo, de polémica. Luego, silencio hasta el 22 de enero cuando la presidenta volvió a escena para anunciar el lanzamiento de un programa destinado a los jóvenes. En su discurso también anunció que asistirá a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños de fines de enero en La Habana, Cuba.

El 24, en conferencia de prensa Capitanich y el ministro de Economía anunciaron que se levantan las restricciones para la compra al dólar y denunciaron golpes de mercado al tiempo que el peso alcanzó los 8 pesos, acelerando así la devaluación del peso desde que se modificó al equipo económico.

Horizonte 2015

Desde 2011, cuando la presidenta obtuvo su relección con el 54 por ciento de los votos, está en el horizonte el 2015. Para buscar un tercer mandato haría falta una reforma constitucional, tarea para la cual son necesarias contundentes mayorías en el congreso. En este sentido, una de las pocas apariciones de la presidenta en este tiempo fue para aclarar los tantos. En conversación con la agencia estatal TELAM, fue tajante a declarar que en 2015 no se va a presentar a ningún cargo electivo 5.

Esto abre un universo de posibilidades. La cancha está liberada para que ministros, senadores, diputados y gobernadores cercanos al oficialismo insinúen sus deseos de quedarse con ese espacio que representa hoy el kirchnerismo. Empiezan a aflorar las corrientes internas, sus diversas vertientes. El más renombrado es el gobernador de la provincia de Buenos Aires – donde vota un tercio del padrón electoral – Daniel Scioli. Un hombre que viene del deporte, que en su momento fue un hijo político de Carlos Menem, que luego fue el vicepresidente de Néstor Kirchner y que desde 2007 es gobernador. De perfil moderado y conservador, representa a un kirchnerismo dialoguista y licuado. Maltratado por la casa Rosada, su mayor virtud sin embargo fue la lealtad y su predisposición a recibir golpes y quedarse callado. Exponente de la derecha del kirchnerismo, Scioli espera, agazapado, por adentro.

Empiezan las batallas adentro, porque Florencio Randazzo, ministro del Interior y Transporte, también hizo público su deseo de candidatearse en el 2015. También suenan fuerte otros gobernadores, como el entrerriano Sergio Uribarri e incluso el actual jefe de Gabinete Capitanich.

Sin embargo, todo esto se da en el terreno de las especulaciones. El más expuesto es Scioli, del resto no quedan claras sus intenciones ni sus alianzas. Es que hasta el anuncio de la presidenta, mostrar ambiciones presidenciales dentro del oficialismo era políticamente incorrecto. Ahora se abrió el juego y cada cual debe empezar mostrar sus cartas.

En la oposición hay una incertidumbre aún mayor. No es menor el dato de que el kirchnerismo, por lejos, siga siendo la primera fuerza política a nivel nacional. Sin embargo, de las recientes legislativas de octubre emergió la figura de Sergio Massa. Ex jefe de Gabinete de Fernández de Kirchner, el intendente de Tigre, también peronista, encabezó una lista propia en la que confluyeron candidatos del todo el arco opositor. Massa, quien creció dentro del partido de la Unión del Centro Democrático (UCeDé), creado por el ultraliberal Álvaro Alsogaray, venció en la provincia con el 43 por ciento y así se instaló como un actor a nivel nacional.

Sin embargo, la frustrante experiencia de Francisco De Narváez le sirve como espejo. Su gran elección en 2009, en la que en las mismas legislativas de mitad de término venció al propio Kirchner, no le sirvió para proyectarse en las presidenciales del 2011. De hecho, su candidatura – también peronista – en las recientes elecciones cosechó solo el 5 por ciento.

Por fuera del peronismo no hay demasiados candidatos. Elisa Carrio, eterna y apocalíptica opositora, obtuvo una buena elección en Capital, a pesar de que en las presidenciales del 2011 sacó tan sólo el 2 por ciento de los votos. Es posible pensar una confluencia de sectores que se autodefinen como “progresistas” dentro de una alianza que incorpore al Partido Socialista, a la Unión Cívica Radical y a otros en una candidatura conjunta que todavía no tiene un líder claro. Este espacio, en 2011, obtuvo el segundo lugar con la candidatura del ex gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, con un muy lejano 16 por ciento.

De las recientes legislativas también emergió la izquierda troskista, que tuvo una excelente elección. Desde diciembre el Frente de Izquierda y los Trabajadores tiene una bancada propia en la cámara de diputados, producto del 5 por ciento de votos a nivel nacional alcanzado. Esto proyecta a este espacio de cara al 2015 no con chances de alcanzar la presidencia, claro, pero sí con posibilidades de incrementar considerablemente su poder e influencia.

También es posible pensar como candidato al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, representante de la derecha empresarial argentina.

Todos ellos, sin embargo, carecen de estructura nacional que pueda volverlos seriamente “presidenciables”. Es por eso que, con las fronteras políticas escasamente nítidas, las alianzas probablemente se mueven con frenesí y sin demasiada coherencia ideológica con miras a 2015.

Dicho lo anterior, al margen del apocalipsis anunciado y los vaivenes de la economía que está lejos de su mejor momento, el gobierno sigue manejando la pelota, los tiempos, las pausas y la cadencia de la política argentina. Los números indicaron que ya no es el gobierno del 54 por ciento de 2011 que barría con fuerza, pero al mismo tiempo los votos dijeron que sigue siendo, y por bastante, la primera minoría del país.

Diego González (gonzalezdiegofernando@gmail.com) es periodista en Buenos Aires. Su blog es www.diegofgonzalez.blogspot.com. TW @diegon2001. Es analista para el Programa de las Américas www.americas.org


[1] Ver “Argentina y sus paradojas electorales” https://www.americas.org/es/archives/11044

[2] En Argentina la letra K es símbolo del gobierno y del kirchnerismo.

[3] En las legislativas de mitad de término de 2009, el ex presidente Néstor Kirchner encabezó la lista de diputados en la provincia de Buenos Aires. Salió segundo, detrás del empresario y también peronista Francisco De Narváez

 

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