De lo global a lo local y viceversa: la construcción de la paz en México en tiempos de Trump

NOTA: El siguiente texto es la versión escrita de la presentación de la autora en la conferencia de prensa de la Plataforma para la Construcción de Paz en México, en el marco de su 4to Encuentro el 28 de octubre de 2025. En el marco del encuentro, hablamos de las violencias que se viven en el país y en particular en el estado de Chiapas, las causas, y los esfuerzos para construir la paz que queremos. Este texto se enfoca en los aspectos de relaciones internacionales feministas que están en el centro del trabajo de Mira Feminismos y Democracias -los contextos regionales e internacionales, la política exterior del gobierno actual en los EE.UU., y el capitalismo y patriarcado como generadores de conflictos y violencias-. También reflexiona sobre las perspectivas para la construcción de la paz en México y América Latina.

Consideramos que los sucesos de las últimas semanas han dado aún más peso a las advertencias. La invasión de Venezuela el 3 de enero 2026, la Estrategia de Seguridad Nacional presentada a finales de noviembre con el Corolario Trump de la Doctrina Monroe que reclama como suyo todo el continente, y las amenazas intensificadas del gobierno estadounidense contra México, Colombia y otros países dan cuenta del peligro del momento en que vivimos. Agradecemos profundamente a las organizaciones aliadas la oportunidad de trabajar juntes en la Plataforma y otros espacios, para enfrentar este peligro con creatividad, compromiso y esperanza.

Hemos entrado en una nueva coyuntura en este primer año del segundo gobierno de Donald Trump. En este contexto, se perfilan tres aspectos de la política exterior del presidente Trump que se imponen sobre México, que generan violencias, y que son grandes obstáculos para lograr la paz en el país y aquí en Chiapas: la guerra contra las drogas (otra vez), el modelo patriarcal, y el capitalismo extractivista. Si bien siempre han sido causas estructurales de la violencia que emanan del sistema capitalista dominante, ahora se refuerzan con la política actual de Trump.


La renovada guerra contra las drogas

En todo el continente, el gobierno de Trump está reposicionando la “guerra contra las drogas” como el pretexto para intervenciones políticas y militares. A casi dos décadas desde la imposición de este modelo de origen estadounidense en México, los resultados han sido un auge inédito en la violencia general y feminicida y en las desapariciones, un altísimo costo humano y económico, el flujo incontrolado de armas al país desde EE.UU., mayor militarización, corrupción y complicidad. Estas dinámicas han llevado a la desintegración de tejidos sociales y comunitarias y un refuerzo del patriarcado.

Una promesa de la oferta electoral de la Cuarta Transformación fue poner fin al modelo de guerra militarizada contra los cárteles, y actualmente estamos presenciando un incremento en la militarización y la reafirmacion de la estrategia de combatir a la violencia criminal con la violencia estatal, en un contexto en que la criminalidad permea las estructuras de las dos fuerzas y atraviesa a la sociedad con profundos impactos en la vida cotidiana.

Y ahora las presiones son mayores. El gobierno de EE.UU. utiliza la amenaza de los aranceles para obligar al gobierno de México a adoptar el modelo de guerra que tanto ha lastimado al país, y amenaza con invadirnos si no lo hace. Justifica abiertamente las ejecuciones extrajudiciales que está llevando a cabo en el Caribe y el Pacífico denominando “grupos terroristas” a los cárteles, suspende los derechos elementales y empodera a las fuerzas armadas, en estrecha alianza con el Pentágono. Erige un enemigo externo para fomentar la industria bélica y para no reconocer los graves problemas internos y las contradicciones en un esquema que acaba beneficiando a las elites y los intereses imperialistas.

Vemos esta misma lógica en la hipercriminalización de la migración, a través de las medidas antinmigrantes en EE.UU., políticas también impuestas en México, que promuevan la participación de la delincuencia organizada en el tráfico humano, la extorsión y el secuestro. La frontera sur cada vez más juega el papel de muro para EE.UU., convirtiéndose en una zona de disputa y de conflictividad como se ha visto desde hace años en la frontera norte.

Criminalizar la migración que es un derecho internacional, convierte a seres humanos en mercancía y fomenta el reclutamiento forzado, que es la esclavitud moderna. En este contexto, desaparecieron a las 40 personas migrantes en la costa entre Chiapas y Oaxaca el 21 de diciembre del año pasado con total impunidad hasta la fecha.

En resumen, la guerra contra las drogas que se ha vuelta al centro de la política exterior intervencionista de EE.UU. es una guerra falsa e hipócrita, que no tienen ninguna intención de “ganar”, y que más bien sirve para perpetuar el conflicto y para organizar las ganancias ilícitas del mercado negro entre nuevos élites y alianzas reconfiguradas.


El modelo patriarcal reforzado

El modelo patriarcal se centra en la figura del padre quien tradicionalmente asume el papel de tomador de decisiones y autoridad y ejerce el control social y económico sobre las mujeres y la niñez. El dominio sobre los demás se basa en la fuerza física que en la práctica suele imponerse con el uso de la violencia.

El modelo se reproduce a nivel de la sociedad y fomenta antivalores de la competencia por encima de la cooperación, regímenes de jerarquías rígidas, disciplina sin pensamiento crítico, y el principio de “la fuerza da la razón” -de dominación de los “fuertes” sobre los “débiles”-. A la vez refuerza la misoginia, la discriminación y el racismo. El machismo se refleja en la cultura, en la política y en la organización social.

La reafirmación del patriarcado es un pilar de la ultraderecha y del discurso y la política de Donald Trump. Se evidencia en las medidas de la ultraderecha para negar los derechos logrados de las mujeres sobre sus cuerpos, como el aborto y la prevención de embarazos no deseados, y en sus ataques a los programas contra la discriminación. Se van cerrando los espacios para mujeres en la esfera pública y buscan devaluar una serie de características socialmente consideradas “femininas” como la mediación y la negociación, la flexibilidad y la tolerancia, y la comunidad por encima del individuo—conceptos sociales que se han conservado en buena medida en las comunidades indígenas-.

Siguiendo el modelo patriarcal, en la seguridad se prioriza el uso de la fuerza por encima de la diplomacia, y la aniquilación del enemigo y medidas punitivas y coercitivas por encima del diálogo y el diagnóstico de causas. Como hemos visto aquí como en muchos lugares, son mujeres que lideran a nivel local los esfuerzos de construcción de la paz y reparación del tejido social, así que el modelo patriarcal que justifica la violencia y niega el papel de la mujer constituye un obstáculo enorme a la paz. México ahora tiene una mujer presidenta que se ha pronunciado contra algunas de estas políticas, sin embargo, como país y como sociedad falta mucho para marcar otra postura -en defensa de la igualdad y rechazando el machismo como forma de dominación-. Para romper con el modelo patriarcal, también es urgente defender la soberanía y el derecho de definir nuestras propias políticas, sobre todo frente al gobierno de Trump. Hasta ahora este esfuerzo ha sido muy tímido.


La intensificación del capitalismo extractivista

El capitalismo en esta etapa busca crecer por la vía extractivista. En este marco se propone quitar toda regulación estatal que limita el actuar del sector privado, y abrir todo a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales. Para ello, es parte de la estrategia eliminar y violar los derechos de los pueblos indígenas, de los ejidos, del medioambiente y de la naturaleza, y de los y las trabajadores.

Los derechos los ven como obstáculos por vencer. La tierra y sus bienes son para enriquecerse ellos -van con todo por la minería, el petróleo, el agua y la energía de los ríos-. No reconocen el calentamiento global porque no es una prioridad la sobrevivencia del planeta, ni tampoco la sobrevivencia de las poblaciones humanas y no humanas que son inconvenientes a sus intereses. Lo importante son sus ganancias. La corrupción, la militarización para el despojo, y la injusticia son sus instrumentos y sus aliados.

Esta no es una situación nueva, pero estamos viendo otra etapa. Ahora con Trump la oligarquía capitalista centrada en EE.UU. -los súper ricos- ejerce el poder del Estado, el mayor Estado capitalista del mundo, y lo ejerce a nivel global. El uso de la fuerza militar de EE.UU., la intensificación de estas prácticas y la profundización de las desigualdades que resultan generan conflictos constantemente.

Esta etapa se destaca por tres aspectos políticos. El primero es la ruptura abierta del gobierno estadounidense con el Estado de Derecho, los derechos humanos y los marcos democráticos en EE.UU.  Constituye un nuevo terreno en que tienen que moverse los esfuerzos por la paz, un terreno minado y con gran complejidad.

El segundo es la batalla por la narrativa. Si bien la ruptura con la democracia implica actuar sin el consentimiento de la mayoría del pueblo, aún es necesario para las fuerzas autoritarias disputar la narrativa para evitar una rebelión. 

El tercero es la represión abierta que vemos con el despliegue de la Guardia Nacional en EE.UU., y el papel de las fuerzas militares.

Foto: Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas

Construir la paz tiene que empezar por rechazar y romper estas lógicas que generan violencias y sus distintas expresiones. Entender que no se trata de un enemigo externo, son fenómenos sociales; tenemos que poner fin al prohibicionismo que crean mercados ilícitos de drogas o de tráfico de personas. Es construir la paz con la experiencia y la participación ciudadana, no impuesta de arriba, y también de mantener presente la visión, el horizonte y las prácticas que construyen la paz real duradera y con justicia.


Laura Carlsen es directora del centro de estudios feminista sobre relaciones internacionales Mira Feminismos y Democracias, con sede en la Ciudad de México. Es analista política, comentarista y periodista especializada en relaciones regionales, política estadounidense, movimientos sociales y justicia de género. Una versión de este artículo se publicó originalmente en alemán en la edición de diciembre de 2025 de la revista Südlink.

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