Huracán de sorpresas: las elecciones en Argentina 

Por Julia Muriel Dominzain y Diego González

En Argentina, con menos de 80 días de diferencia, el electorado sorprendió en dos sentidos distintos. En las elecciones Primarias de agosto salió en primer lugar el candidato libertario de ultraderecha, Javier Milei, y el actual Ministro de Economía, Sergio Massa, en tercero. Pero en las elecciones generales del 22 de octubre el escenario se dio vuelta: Massa (Unión por la Patria) pasó del 21 % al 36,6% de votos y Milei (La Libertad Avanza) se estancó en poco menos de 30%. La segunda vuelta será el 19 de noviembre. 

Ciertamente había argumentos para entender el enojo social ante una economía en crisis, con altos grados de informalidad y una inflación de más de 150% anual. En ese contexto, la virtud de Milei había sido la de lograr ser el canal que vehiculizara la frustración. El candidato libertario fue el outsider que capitalizó el descontento y propuso soluciones anarcocapitalistas, como eliminar el Banco Central y dolarizar la economía argentina. El domingo de la elección, los resultados fueron totalmente  contrarios a las encuestas que daban la victoria a Milei. El lunes llegaron las explicaciones, todas ad hoc. ¿Cómo hizo Massa para “darle vuelta” y lograr el primer lugar con una diferencia de casi 7 puntos? ¿Por qué Milei no creció? ¿Qué estancó al candidato que prometía eliminar la “casta”, el Banco Central, el peso argentino y los “privilegios” de mujeres y diversidades? 

Sergio Massa y Javier Milei en el debate previo al balotaje.

Tal vez hayan sido alguna de sus banderas, promesas o amenazas las que le impidieron expandirse hacia nuevos electores: proponer la venta libre de armas, privatizar el mar o permitir la venta de órganos. Quizá fue negar que los desaparecidos del período de la dictadura militar (1976-1983) hayan sido 30 mil, la existencia del cambio climático o de la brecha salarial de género. O, quizá, le perjudicó atacar a todo aquello que nos hace argentinos:  decir que se siente “muy identificado” con Margaret Thatcher en un país que todavía busca recuperar sus Islas Malvinas, y dijo que el peso argentino no vale “ni excremento”, , insultó a Maradona y llamó al Papa Franciscoel imbécil que está en Roma”.

En las 48 horas posteriores a la elección la candidata que responde al expresidente Mauricio Macri (Patricia Bullrich) se alió con Milei y Juntos por el Cambio, la alianza de centroderecha que incorporó a la vieja Unión Cívica Radical y que llevó a Mauricio Macri (y su partido, el PRO) al poder en 2015, quedó al borde del quiebre. El apoyo supone un giro de 180 grados, ya que está elección vino a renovar el sistema político argentino. De la vieja polarización entre una centro izquierda con el peronismo kirchnerista de un lado y, del otro, un bloque conservador-moderado liderado por el macrismo, ahora aparece un escenario de tercios en el que Milei tensiona todo a la derecha.

Massa: la propuesta de “Unidad Nacional”

El actual ministro de Economía, Sergio Massa, es también el candidato del oficialismo. Este abogado de 51 años tiene en sus espaldas un largo recorrido por el peronismo. Dio sus primeros pasos a fines de los 80 y principios de los 90 en la política en la Ucedé, un partido liberal conservador. Años después se incorporó al peronismo y tuvo un rápido ascenso en el gobierno de Néstor Kirchner. Fue titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) y llegó muy joven a la Jefatura de Gabinete en el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, poco tiempo después la ruptura con el kirchnerismo fue total y se pasó a la oposición, desde donde venció al gobierno en las elecciones de 2013 en la decisiva provincia de Buenos Aires. En 2015 se postuló para presidente en las elecciones que ganó Macri y salió tercero con el 21 por ciento de los votos. Sin embargo, para 2019 fue una pieza clave en la reunificación del peronismo que llevó a Alberto Fernández como candidato para vencer a Macri, quien iba por su reelección.

Este zigzagueante recorrido político, sumado a la grave crisis política y económica de un gobierno del que Massa en campaña pretende no reivindicar, son obstáculos en su campaña. Por todo esto, al oficialismo le costó mucho construir una identidad positiva. De hecho no existe algo así como el “massismo social”: sus votantes no están fascinados por él, pero lo apoyan ante el temor al abismo. Político de raza, toda su vida buscó acumular poder para llegar a la presidencia.

En una Argentina que se movió hacia la derecha, Massa se quedó con todo el centro. Es el candidato “normal”, dicen en las redes, “con esposa e hijos”, el que “pasa un psicotécnico”.

Massa, que tenía la enorme dificultad de ser el Ministro de Economía en un momento de gran inflación, se quedó con Maradona, con las Malvinas y con el Papa. Propuso un gobierno de unidad nacional en lugar de apostar a la división y prometió el fin de “la grieta”, el nombre con el que popularmente ese conoce al enfrentamiento entre macrismo y kirchnerismo.  

En medio de la última gran crisis en julio del año pasado, Massa asumió la conducción de la economía. Con esa decisión buscó quebrar la parálisis del gobierno, enfrascado en internas. Massa, al asumir como ministro en realidad lo que hizo fue hacerse cargo, en términos políticos, del gobierno. El presidente, entre tanto, perdió toda centralidad y hace tiempo permanece diluido en la inacción y el silencio. Es por eso que hoy Massa se jacta de haber tomado una valiente decisión al aceptar el Ministerio en un momento tan crítico. Es una bandera poco convincente, ciertamente, para una campaña electoral, dado que casi todas las variables sociales y económicas empeoraron de esa fecha a hoy, en un país que sufre una de las peores sequías de su historia y debe pagar, al mismo tiempo, una asfixiante deuda externa con el FMI.

De hecho no existe algo así como el “massismo social”: sus votantes no están fascinados por él, pero lo apoyan ante el temor al abismo.

Su estrategia, ante la radicalidad de Milei, es quedarse con todo el centro. Por eso es que insiste de cara a la segunda vuelta con una idea clave: la unidad nacional. Desde esa plataforma promete incorporar a referentes más allá del peronismo para así abandonar la vieja grieta. Eso, junto a la apelación permanente a “lo nacional” y al riesgo para la democracia de lo que supondría una presidencia de Milei son sus mejores esperanzas de cara al 19 de noviembre.

Javier Milei: yo soy el león

En Argentina hay un teorema, conocido como “de Baglini” que sostiene que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder. El día del cierre de campaña, Milei solo compartió estrado con su intelectual de referencia, el economista Alberto Benegas Lynch, quien dijo que se podría inventar el Teorema Milei, que representa exactamente lo contrario: conforme se acerca al poder, se radicaliza. Minutos después, Benegas Lynch propondría romper relaciones con el Vaticano. 

¿A quién atrae “el león” que promete terminar con los “privilegios” del país, que según él, gozan la élite política o “casta”, e incluso las mujeres? Según una encuesta, el 63,6% de sus electores en las Primarias eran varones mientras solo el 36,4% eran mujeres. Otro estudio coincide en la tendencia: Milei tuvo un apoyo solo del 20% entre las mujeres y sube a 34% en el caso de los hombres. Por eso, en el resultado de las elecciones generales, se cree que el voto de las mujeres tuvo mucho que ver. No le fue gratuito negar que existe una brecha entre los salarios de los hombres y las mujeres, sugerir que cerraría el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades o declarar “no voy a pedir perdón por tener pene” en un país que fue pionero en el movimiento Ni Una Menos y que logró la aprobación de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. También, Milei dijo que plebiscitaría la ley de aborto


El debate que más afectó en las elecciones primarias fue uno disparado por las declaraciones de una diputada de Milei, que propuso que los hombres puedan renunciar a la paternidad: “Ya que las mujeres tienen el privilegio de matar a sus hijos [N.d.R en referencia al aborto] y renunciar a ser madres, ¿por qué los hombres por ley tienen que mantener a una criatura…?”

Massa promete continuar con las políticas de la equidad de género, aspecto en que el Gobierno actual de Alberto Fernández se destacó incluso internacionalmente. En conferencia con medios internacionales luego de la elección, Massa destacó el rol de las mujeres en su triunfo: “Esas madres que están preocupadas por el futuro de sus hijos, esas mujeres que no quieren vivir en una sociedad donde la venta de órganos o la libre portación de armas sean parte del sistema de valores, donde de alguna manera pretenden que en lo que son los sistemas de vacunación, los sistemas de salud y de educación, el Estado proteja y garantice eficiencia, para nosotros han sido importantes”.

El porvernir

En Argentina, el 2023 fue especialmente malo: se sumaron las consecuencias de la pandemia, los pagos al FMI, el impacto colateral de la guerra en Ucrania en los precios de la energía y una gravísima sequía, que dañó los cultivos y la industria agrícola nacional tanto que perjudicó el PIB en 3%. 

Sin embargo, las lluvias ya llegaron y pronostican una buena cosecha en un país que es altamente dependiente de la producción agrícola, en particular de soya. El primer tramo del gasoducto Néstor Kirchner que une la segunda reserva más grande del mundo de gas no convencional (shale gas, en inglés) con la Provincia de Buenos Aires, ya está listo, por lo que el país no solo dejará de importar energía, sino que se espera que pase a ser exportador. Esto puede implicar un cambio en la matriz económica del país: los expertos hablan de una nueva “Pampa Húmeda” si al proyecto energético conocido como “Vaca Muerta” (producción de gas y petróleo no convencional) le sumamos la extracción y el potencial desarrollo del litio en el Noroeste, y se realizan las perforaciones en aguas profundas que se esperan en la costa atlántica. 

El 19 de noviembre la sociedad argentina votará en un clima de incertidumbre y crisis económica. Por un lado, el oficialismo tiene rústicas herramientas para seducir a un electorado agobiado por el presente concreto. Pero, en paralelo, la propuesta de la ultraderecha radical de Milei asumió formas tan inquietantes que, aunque les promete que los va a beneficiar, entre los sectores empresariales más concentrados del país reina la incertidumbre.

En cualquier caso, lo que parece haber llegado para quedarse es un sistema político que da pautas de que ya no va a pendular entre los polos de la vieja crisis. Quien gane tendrá la difícil tarea de gobernar una política fragmentada  y una sociedad herida con demandas diversas y volátiles.

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