La inequidad: el principal obstáculo en la lucha contra la covid-19

By  |  8 / abril / 2021

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Un año después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara a la covid-19 como una pandemia, aquel infausto 11 de marzo, la humanidad dispone ya de trece vacunas aprobadas para uso de emergencia. La pandemia, que ha dejado 133 millones de contagiados y 2.9 millones de muertes, así como un impacto económico y social sin precedentes, disparó una carrera para desarrollar tratamientos y/o vacunas para hacerle frente. Nunca antes se había conseguido, en tan corto plazo, y con tan altos niveles de eficacia, varias vacunas para prevenir una enfermedad ocasionada por un virus.

Así, 2020 dejó una caída económica mundial de 3.4%, la mayor después de la segunda guerra mundial, habiendo sido América Latina y el Caribe la región más castigada. Esta tuvo un retroceso del 7.4%, lo que llevó a un incremento de la pobreza en un 12%. A pesar de estos datos devastadores, al final de 2020 se inició el proceso de vacunación. El nuevo año fue recibido con la esperanza de erradicar la pandemia, pero esta se estrelló rápidamente con la inequidad y la falta de acceso a las vacunas. Solo los ciudadanos de cinco países han tenido éxito en sus programas de vacunación. El porcentaje de la población que ha recibido al menos una dosis de la vacuna es el siguiente: Estados Unidos (32.1%) Reino Unido (46.5%), Israel (61%) Emiratos Árabes Unidos (88%) y Chile (36.7%).

Muchos, especialmente en África, aún no han empezado el proceso de vacunación. En la mayoría de países, incluidos los de la Unión Europea, el proceso es lento. Ello ocurre, a pesar que la Comisión Europea, en representación de sus 27 países miembros, realizó las compras de las vacunas de manera conjunta, y adelantada, para asegurar mejores precios. Sin embargo, los laboratorios AstraZeneca, Pfizer/BioNTech y Johnson&Johnson no han cumplido las entregas en las fechas pactadas en momentos en los que algunos países se ven amenazados por una tercera ola de contagios.

La situación en América Latina es aún más grave. Solo se dispone de dosis para inmunizar a menos del 5% de su población en un escenario de altas tasas de contagio e incremento de muertes que han llevado a muchos países a retomar el confinamiento frente al colapso de sus sistemas hospitalarios.

La producción mundial de vacunas es insuficiente y esta ha sido acaparada por los países desarrollados que han comprado entre dos y tres veces las necesidades de su población, acción conocida como “nacionalismo de las vacunas”. Sin embargo, la compra no garantiza necesariamente la disponibilidad y, en Europa, es motivo de crecientes conflictos. A pesar de esta realidad, no ha habido ningún intento de los países desarrollados de encontrar una solución real para incrementar el suministro. Las propuestas de carácter voluntario, presentadas para enfrentar la covid-19 o han fracasado, o tienen dificultades.

Propuestas para garantizar la equidad para enfrentar a la covid-19

  1. El Centro de Acceso Global a vacunas covid-19 (Covax)

El 24 de abril del año pasado se anunció una iniciativa denominada “Acelerador de Acceso a Herramientas COVID-19 (ACT)”, Se tra.a de una iniciativa de colaboración mundial para acelerar el desarrollo y la producción de pruebas, tratamientos y vacunas contra la COVID-19 y garantizar el acceso equitativo a ellos. El objetivo es que todas las naciones, especialmente las más pobres, puedan tener el mismo acceso a las pruebas para detectar el coronavirus y que también pudieran obtener el tratamiento cuando este se descubriera.

El pilar más importante de esta iniciativa, es el Centro de Acceso Global a vacunas covid-19 (Covax) que busca financiamiento global con miras a su distribución equitativa. Covax está liderada por la Alianza para las Vacunas (Gavi) –en la que participa la Fundación de Bill Gates– la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (Cepi) y la OMS. La idea original es coordinar las compras a nivel mundial para garantizar que los países más pobres no quedaran fuera de la carrera de las vacunas e inmunizar al 20% de la población mundial en países de ingresos medios y bajos. Obviamente, esto dependería de la entrega de vacunas y del financiamiento para adquirirlas.

Actualmente, 190 países forman parte de Covax, de los cuales, unos 90 han financiado el desarrollo de un conjunto de vacunas que, en su momento, parecían las más prometedoras. Al inicio, Estados Unidos, China y Rusia declinaron de participar en la iniciativa. El gobierno estadounidense manifestó a través del entonces portavoz de la Casa Blanca, Judd Deere, que su país continuaría involucrando a sus socios internacionales para asegurar la derrota virus, pero “no nos veremos limitados por organizaciones multilaterales influenciadas por la corrupta Organización Mundial de la Salud y China”.

Recién el 8 de octubre, China, optó por incorporarse en momentos en que tenía cuatro candidatas a vacuna en la fase 3 de los ensayos clínicos. No son claros los términos de esa participación, pero la portavoz de la cancillería, Hua Chunying, ha informado que están dando este paso concreto para asegurar la distribución equitativa de vacunas, en especial a los países en desarrollo.

El gobierno estadounidense se incorporó a este mecanismo el 21 de enero, al día siguiente que Joe Biden asumiera la nueva administración, mientras que el 23 de marzo, el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF), la entidad que financió el desarrollo de la vacuna Sputnik V, presentó una solicitud para su participación en el programa internacional Covax. Sin embargo, han informado que darán prioridad a los suministros directos de la vacuna Sputnik V, la segunda más aprobada en el mundo.

A pesar de las buenas intenciones, el mecanismo no está funcionando como era esperado. El problema no es el financiamiento sino la escasez de vacunas y su acaparamiento por los países ricos. Así lo denunció el canciller de México, Marcelo Ebrard, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el pasado 17 de febrero e instó a los países desarrollados, en nombre de América Latina y el Caribe, a evitar el acaparamiento de vacunas y a acelerar su entrega al mecanismo Covax. Afirmó que “Covax ha resultado insuficiente hasta ahora y que el escenario que queríamos evitar desgraciadamente se está confirmando”. A la fecha, señaló, “todavía no se han distribuido vacunas por vía de este instrumento multilateral”.

  1. El Repositorio de Derechos de la covid-19” (TAP)

El 29 de mayo del año pasado, el Secretario General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus y el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, lanzaron conjuntamente una propuesta de carácter voluntario (TAP) por sus siglas en inglés, que consiste en una suerte de banco de datos de acceso a tecnología para el tratamiento y prevención de la covid-19. Esto permitiría centralizar e ir añadiendo todo el conocimiento disponible para la prevención, diagnóstico y tratamiento de esa enfermedad.

La propuesta implica una suspensión temporal voluntaria de los derechos de propiedad intelectual para el tratamiento y/o prevención de la covid-19 y parte de la base que «las vacunas, pruebas, diagnósticos y otras herramientas clave en la respuesta al coronavirus deben estar disponibles universalmente como bienes públicos globales».

Ambas autoridades emitieron un llamado «Llamado a la Acción Solidaria» en el que pidieron a los Estados miembros de la OMS, gobiernos, investigadores, fondos de financiamiento de investigación y desarrollo y sociedad civil, entre otros que se unieran y apoyaran la iniciativa. Sin embargo, fue rechazada por la Federación Internacional de Compañías y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA).  Las farmacéuticas se opusieron rotundamente a pesar de que muchas recibieron fondos públicos o pagos adelantados de los gobiernos de los países ricos, mientras se realizaban los estudios.

Horas después de que se hiciera este llamado solidario a la acción, Donald Trump anunció su retiro de la OMS, hecho que fue duramente criticado por la comunidad internacional, especialmente por sus aliados de la Unión Europea. Trump consideraba que el mensaje de esa iniciativa desincentivaba la innovación.

El rechazo a la propuesta y las dificultades que se vislumbraban en el mecanismo Covax, dieron lugar a que el representante de Sudáfrica ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), Mustaqeem da Gama, señalara que “mientras los países pobres dependan de la buena voluntad y la caridad de los millonarios del mundo, no van a poder avanzar y desarrollar sus propias capacidades. (…) La filantropía es buena hasta cierto punto, pero si lo que queremos es construir capacidades que vayan más allá de esta pandemia particular, porque vendrán otras pandemias, necesitamos invertir recursos en lo local, en transferencia de tecnología, en capacidad de construir”.

En términos similares se expresó el Embajador de India ante la OMC, Brajendra Navnit, quien destacó que las iniciativas multilaterales desarrolladas en otros foros, como el Acelerador de Acceso a Herramientas COVID-19 (ACT) liderado por la OMS y su pilar centrado en el suministro de vacunas, Covax, son inadecuados para los desafíos que enfrentamos.

  1. C) Liberación temporal de los derechos de propiedad intelectual en la OMC

En este escenario, en octubre de 2020 India y Sudáfrica plantearon una audaz propuesta en el Consejo del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Adpic) de la OMC: suspender temporalmente los derechos de propiedad intelectual relacionados con los tratamientos y la prevención de la covid-19 hasta disponer de una oferta que permitiera proveer las vacunas a toda la población. Si bien en el acuerdo sobre propiedad intelectual de la OMC existen algunas exenciones previstas como el hecho de que, por razones de interés público, un Estado puede pedirle al titular de una patente que autorice a un tercero a que produzca su medicamento o vacuna, el proceso es complejo y engorroso.

La iniciativa considera que la única manera de satisfacer la demanda de vacunas requerida por la población mundial consiste en facilitar el conocimiento a los países que tienen la capacidad de producir medicamentos tanto para su consumo interno como para exportarlos, sin ser sancionados por violar las normas de propiedad intelectual de la OMC. Además, prioriza la rapidez del proceso no solo para evitar muertes innecesarias, evitar las cuarentenas en curso, sino evitar nuevas mutaciones del virus a medida que continúe propagándose entre las poblaciones desprotegidas. Estas variantes podrían no ser controladas por las vacunas disponibles hoy.

Esta propuesta fue debatida por última vez los días 10 y 11 de marzo. Más de 100 de los 164 países miembros la respaldan, así como por lo menos 350 organismos no gubernamentales, entre ellos Médicos sin Fronteras y Amnistía Internacional, miembros del Parlamento Europeo y congresistas de Estados Unidos. En cambio, se oponen los gobiernos de los países sede de la industria farmacéutica: Estados Unidos, Japón, la Unión Europea, Reino Unido, Suiza y Canadá. Sucede que aumentar la producción de vacunas, tal como busca la iniciativa, implicaría menores precios y reduciría la capacidad de los laboratorios farmacéuticos de imponer condiciones a los gobiernos, tal como lo vienen haciendo. Estos firman acuerdos con cláusulas de confidencialidad en los que se omiten los precios de las dosis, los calendarios de entrega y las garantías que exigen y que los gobiernos aceptan dada la situación de muchos países que tienen sus sistemas de salud colapsados y atraviesan una profunda crisis económica.

Esta propuesta ha sido apoyada por la Unión Africana, organización intergubernamental política y de cooperación que agrupa a los 56 países de ese continente, que suscribió un comunicado el pasado 22 de febrero, en el que apoya la suspensión temporal planteada por India y Sudáfrica en la OMC. En él se señala que la propuesta es el medio más efectivo para abordar la “escasez artificial”, resultante del “nacionalismo de las vacunas y los mecanismos impulsados ​​por el mercado”. Asimismo, hacen suyas las declaraciones del Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien ha señalado que “permitir que la mayoría de la población mundial no esté vacunada no solo perpetuará enfermedades y muertes innecesarias, así como la continuidad de las cuarentenas en curso, sino que también generará nuevas mutaciones del virus a medida que continúe propagándose entre las poblaciones desprotegidas”. Estas variantes podrían no ser controladas por las vacunas disponibles hoy. El Secretario General de la OMS ha apuntado al núcleo central del problema y ha increpado a los países desarrollados para que apoyen la propuesta de India y Sudáfrica. “Si no es ahora, ¿cuándo?”, señaló.

La diplomacia de China y Rusia con sus vacunas

En América Latina, Chile es el país que más ha avanzado con su programa de vacunación. Al 5 de abril, el 36.7% de su población ha recibido al menos una dosis y el 20.1% ha completado la vacunación. El 90% del programa de vacunación se ha realizado con dosis del laboratorio chino Sinovac, que realizó ensayos clínicos en ese país, en coordinación de la Universidad Católica de Chile. Asimismo, a fines de marzo, el presidente de ese país anunció un acuerdo para la obtención de 2 millones de dosis del laboratorio chino CanSino Biologics, que solo requiere una dosis para lograr la inmunización.

En Brasil, el laboratorio, Sinovac, ha suscrito un acuerdo de transferencia de tecnología de su vacuna y participa con el Instituto Butantán de Sao Paulo en su fabricación. El suministro de vacunas chinas ha dado lugar a que el gobierno brasileño permita la participación de la empresa Huawei en la licitación para la instalación de la tecnología 5G en Brasil, que hasta entonces había sido vetada por presión del gobierno norteamericano.

En el caso de las vacunas rusas, a mediados de marzo se supo que el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS) informó en su reporte de 2020 haber persuadido a Brasil de no aceptar la vacuna rusa Sputnik V y ofrecido a Panamá asistencia técnica a cambio de no aceptar una oferta de médicos cubanos, con el fin de evitar la amenaza de esos “Estados malintencionados”. Días después de la divulgación de ese informe, el ministerio de salud de ese país informó que firmó un acuerdo para la compra de diez millones de dosis de dicha vacuna, pero la autorización para uso de emergencia está en proceso de evaluación.

Argentina y Perú realizaron ensayos clínicos con vacunas del laboratorio Sinopharm y ambos países han recibido una primera entrega de un millón de dosis, de un acuerdo por 30 y 38 millones de dosis, respectivamente. Argentina ha recibido, además, las vacunas Sputnik V fabricada por el laboratorio Gamaleya, y también ha recibido vacunas Covishield fabricadas por el Instituto Serum de la India, así como Oxford/AstraZeneca y CanSino Biologics. Perú ha recibido vacunas de los laboratorios Pfeizer, además de las de Sinopharm.

México ha registrado incumplimientos en la entrega de las dosis adquiridas, básicamente, a laboratorios norteamericanos. Por eso, durante una reunión virtual sostenida el 1 de marzo con el presidente Biden, el presidente López Obrador tenía proyectado pedirle a su colega que compartiera con México parte de las existencias de vacunas que tenía el gobierno estadounidense y que excedían a su población. Sin embargo, antes del inicio de la reunión, se descartó que Estados Unidos estuviera considerando, al menos en esta fase, compartir las dosis con su vecino u otros países.

Días después, el gobierno mexicano anunció la compra de 10 millones de dosis de Sinovac y 12 millones de dosis de Sinopharm. Asimismo, ha firmado un acuerdo con el Laboratorio CanSino Biologics para envasar vacunas producidas por esa empresa. México fue el primer país en aprobar la vacuna de CanSino Biologics en la región y es el primero, solo después de China, en envasarla en la planta Drugmex en Querétaro. La planta cuenta con una capacidad productiva de hasta 85 millones de dosis anuales y durante la emergencia se dedicará exclusivamente al envase de dichas vacunas, que solo requieren una dosis para inmunizar a la población. Cabe señalar que, en el escenario de los graves problemas en la frontera con México, el gobierno estadounidense envió 2.5 millones de dosis de dosis de la vacuna AstraZeneca.

Salvo Costa Rica, El Salvador, Panamá y Cuba –que no ha aprobado ninguna– todos los países de la región han aprobado el uso de la vacuna rusa Sputnik V, fabricada por el laboratorio Gamaleya, o alguna de las cuatro vacunas chinas producidas por los laboratorios CanSino, Sinopharm y Sinovac. El gobierno cubano evitó caer en la guerra de las compras de vacunas y apostó por desarrollar una propia. Cuba es el único país latinoamericano que tiene dos proyectos de vacuna, desarrolladas por el Instituto Finlay de Vacunas, y una tercera desarrollada por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) que se encuentran ya en la fase 3 de los ensayos clínicos.

Las vacunas chinas y rusas se ofrecen también en África, Asia e, inclusive, Europa, donde algunos países se han desmarcado de las compras conjuntas realizadas por la Comisión Europea para adquirirlas a ambos países.

Esta presencia creciente tiene lugar en países de Asia y también de Europa. Algunos (Hungría, Servia y Bielorusia) han optado por la vacuna producida por Sinopharm, mientras que otros (Macedonia, Eslovaquia, República Checa, Boznia Herzegovina y Hungría) han aprobado el uso de la vacuna Sputnik V. Recientemente, la farmacéutica italo-suiza Adienne Pharma & Biotech y el Fondo de Inversión Directa de Rusia (RDIF), que tiene la patente de la Sputnik V, firmaron un acuerdo para producirla en Italia.

A diferencia de Estados Unidos, que viene vacunando vertiginosamente a su población, China, Rusia, y también India han desplegado la venta de sus vacunas, y también donaciones por el mundo, a costa de sus bajas tasas de vacunación con relación a su población. Si bien China se puede dar ese lujo, al tener la pandemia controlada, Rusia, con solo 5% de vacunados, no consigue bajar la cifra de 400 muertes diarias.  El drástico incremento de contagios y muertes por la covid-19 en India, en el mes de marzo, ha dado lugar a retrasos en las entregas de sus vacunas al mecanismo Covax.

Al respecto, el Secretario General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha señalado que “si se pudiera nombrar un país que ha contribuido más que cualquier otro en la Tierra en términos de compartir vacunas sería India» y afirmó que era «comprensible» que, en un momento en el que los casos están en alza, la nación asiática necesitara «más vacunas también para utilizarlas localmente». Lo mismo ha ocurrido con el caso del suministro del insumo farmacéutico activo que el Laboratorio chino Sinovac envía al Instituto Butantan en Brasil, para la fabricación de su vacuna CoronaVac en Brasil. La decisión del gobierno chino de vacunar masivamente a la población que reside cerca de la frontera con India, por las razones señaladas, ha disminuido temporalmente su capacidad para enviar dichos insumos.

Con un nivel de 4 mil muertes diarias por la covid-19, Brasil ha perdido el control sobre la pandemia, que un negacionista presidente Bolsonaro siempre subestimó. Así, el país representa una amenaza creciente para el continente sudamericano. Asimismo, la OMS ha advertido que el repentino aumento de la demanda ha provocado una escasez de suministros como viales de vidrio, filtros de plástico y materias primas necesarias, lo que está limitando la producción de vacunas contra la covid-19 y podría poner en riesgo inclusive el suministro de vacunas infantiles de rutina». Asimismo, ha reiterado que se requiere una solución global para solucionar la pandemia.

En términos similares se ha expresado el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien ha criticado, en reiteradas oportunidades el excesivo «almacenamiento» de vacunas por parte de países desarrollados y les pidiera que las compartan con el resto del mundo. La humanidad tiene el conocimiento y la capacidad de producir las armas para derrotar la pandemia, si actuara conjuntamente y, sobre todo, si ese fuera el objetivo primordial.

Sin embargo, las exorbitantes ganancias de la Big Pharma amparadas por los gobiernos occidentales, impiden una solución global a esta pandemia. Otros países productores de las vacunas, que las consideran “bienes públicos globales” (China, Rusia e India) las facilitan en la medida de sus posibilidades y las utilizan como ejercicio de su influencia en el tablero de la geopolítica mundial. El nuevo marco estratégico para el Hemisferio Occidental, aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional de la casa Blanca, en agosto de 2020, no se aplica en estas circunstancias del sálvese quien pueda pues ha colocado a la región en los brazos de China y Rusia, considerados Estados malignos que América Latina debería rechazar.